La adicción a las pantallas no es solo una preocupación de padres y docentes, es un asunto de salud pública que afecta cada vez a más personas. La Comunidad de Madrid (CAM), conocedora del problema, ha ayudado a más de 43.000 jóvenes a través de su Servicio de Atención en Adicciones Tecnológicas (SAAT). Un recurso pionero en España dirigido principalmente a adolescentes de entre 12 y 17 años, y a sus familias, que enfrentan un uso problemático de las tecnologías: redes sociales, videojuegos, móviles y entornos digitales.
Desde su puesta en marcha en 2018 en Madrid, este servicio ha experimentado una evolución constante. Ya cuenta con cinco puntos de intervención: uno en la capital y el resto en los municipios de Alcalá de Henares, Torrelodones y Móstoles -que abrieron sus puertas el pasado año-, a los que ahora se ha unido Pozuelo de Alarcón. Además, el SAAT de la CAM continúa ampliando su alcance territorial mediante el lanzamiento de equipos itinerantes que se desplazan a distintos municipios. Esta medida permite acercar la atención especializada a aquellos adolescentes y familias que, por motivos geográficos o de disponibilidad, no pueden acudir a los centros fijos.
Un problema que trasciende al ámbito digital
La adolescencia es una etapa especialmente vulnerable por su elevado consumo de tecnologías y mayor predisposición a conductas compulsivas. Un estudio de la Fundación ANAR revela que el 70 % de los menores con adicción tecnológica presenta bajo rendimiento académico y un 56 % de las consultas recibidas en su línea de ayuda están relacionadas con un uso inadecuado de las tecnologías. Asimismo, en España, el 55 % de los síntomas de ansiedad y el 52 % de los de depresión entre los jóvenes se vinculan con la adicción a las redes sociales, que consumen en promedio más de 4 horas diarias. No obstante, no solo afecta a los más jóvenes, el entorno también se ve implicado, al desencadenarse por este motivo conflictos interpersonales y familiares.
Para paliar el problema, el SAAT ofrece intervención psicosocial a través de un equipo multidisciplinar de psicólogos, educadores sociales y otros profesionales, que atienden en sesiones individuales, familiares y grupales. Además, incluye talleres de prevención, sensibilización y formación para padres, docentes y personal sanitario, con el fin de fomentar un uso responsable de la tecnología, fortalecer la autoestima y promover alternativas de ocio saludables. Los tratamientos tienen una duración de entre tres meses y un año, y en 2024 alcanzaron una tasa de éxito superior al 80 %. También se realizan charlas divulgativas para el conocimiento del servicio con el objetivo de prevenir, sensibilizar y dar herramientas a los padres para identificar la adicción tecnológica de sus hijos desde edades tempranas. Estas actuaciones se llevan a cabo en entidades locales y organismos públicos o privados.
Desafíos tecnológicos emergentes
El programa se encuentra en constante actualización para responder a los retos digitales. En este sentido, se han incorporado talleres específicos que abordan nuevos riesgos como los derivados del uso de la inteligencia artificial, el sexting, el grooming o el consumo problemático de contenidos digitales. En paralelo, se está fortaleciendo la dimensión institucional del servicio a través de acciones formativas dirigidas al personal técnico de ayuntamientos y servicios municipales. Estas capacitaciones buscan garantizar que el enfoque y los estándares del SAAT se mantengan uniformes en todos los espacios donde se presta intervención.
Como ejemplo de innovación y coordinación institucional, en abril de 2025 la Tarjeta Sanitaria Virtual incorporó un acceso directo para citarse en el Centro de Prevención e Investigación de Adicciones Comportamentales del Hospital Gregorio Marañón, que también atiende la dependencia a videojuegos y redes sociales. Este mecanismo permite una detección temprana y complementa las derivaciones desde colegios, centros de salud y servicios sociales. En paralelo, la Comunidad ha formado en menos de un año a más de 24.100 ciudadanos –padres, profesionales y población general– en el uso responsable de la tecnología, con talleres que cubren desde prevención del ciberbullying hasta control parental y sexualidad saludable en la red.